Secundino Zuazo Ugalde (Bilbao, 21 de mayo de 1887-Madrid, 12 de julio de 1970) fue uno de los grandes arquitectos y urbanistas españoles de la primera mitad del siglo XX. Conocido por obras como la Casa de las Flores, los Nuevos Ministerios o la visionaria prolongación del paseo de la Castellana de Madrid, Zuazo se convirtió en el emblema de la modernidad urbanística y arquitectónica amparada bajo las autoridades reformadoras de la II República española. Este fuerte compromiso político del arquitecto con el régimen republicano produjo, tras la Guerra Civil, su depuración y destierro a Las Palmas de Gran Canaria cuando se encontraba en la cúspide de su carrera. Aquí, en la capital canaria y tras su rehabilitación, además de construir varias obras de evidente calidad, redactó entre 1943-44 un ambicioso plan de urbanización para la ciudad cuyos principales conceptos dieron forma a Las Palmas durante la segunda mitad del siglo XX.
Zuazo finalizó su carrera de arquitectura en la capital de España en 1912, a los veinticinco años. Con una amplia formación clásica, fue uno de los pocos arquitectos españoles que realizó largos viajes durante esa época, empapándose de los nuevos conceptos renovadores en el campo de la construcción. Atento a estas nuevas corrientes, en 1929 proyectó en un lenguaje claramente racionalista dos hotelitos para el Parque Metropolitano de Madrid, aunque nunca renunció a sus hondas convicciones clásicas puestas de manifiesto desde sus comienzos y que se cristalizan en el magnífico edificio ubicado en la Plaza de la Independencia de Madrid, levantado en 1931.
Su labor como urbanista pronto fue muy apreciada. Los problemas de las nuevas ciudades de comienzos del XX fueron abordados por Zuazo con evidente pericia. Entendió que el tráfico rodado y la congestión de los antiguos núcleos históricos necesitaban diferentes soluciones desde una nueva visión urbanística, basada en la conectividad espacial por medio de amplias avenidas que conectaran los centros con las periferias; todo planeado bajo parámetros racionales e integradores. Con estas premisas, Zuazo, a comienzos de la década de 1920, acomete reformas de calado en Sevilla y Bilbao. En 1929 su proyecto, redactado en colaboración con el urbanista alemán Herman Jansen, es seleccionado en el concurso internacional para el ambicioso plan de expansión de Madrid.
Para entonces el prestigio profesional de Zuazo llega a ser enorme. Con la proclamación de la II República se va a convertir en el principal asesor del Gobierno en temas de urbanismo y política de vivienda. Colaboró estrechamente con el ministro de Obras Públicas, el socialista Indalecio Prieto, en la reforma y prolongación del paseo de La Castellana de Madrid y en la instalación del colosal conjunto de los Nuevos Ministerios. Fue su momento álgido como arquitecto y urbanista, alcanzando una enorme repercusión con obras tan prestigiosas como el bloque de viviendas que abarca toda una manzana en el barrio de Argüelles (Casa de las Flores) de 1932, y la realizada, junto al ingeniero Eduardo Torroja, para el interesante Frontón Recoletos de 1935.
Su estrecha relación con el régimen republicano y su activismo político (fue cofundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética) provocaron, tras el estallido de la Guerra Civil, primero un corto exilio en Francia y luego, una vez acabada la contienda ya en 1940 tras retornar a España, su inhabilitación temporal y posterior deportación a Las Palmas de Gran Canaria por parte de las autoridades franquistas.
A su llegada a la capital canaria, Secundino Zuazo fue acogido por dos personas que lo ayudaron en su desamparada situación: uno fue Antonio de Pildain y Zapiain, obispo de la Diócesis de Canarias, carlista recalcitrante que le encarga el conjunto arquitectónico del Seminario de Tafira; y el otro, fue el arquitecto local Miguel Martín Fernández de la Torre, que había sido su discípulo en Madrid y que consigue que el alcalde de aquel momento, Jesús Ferrer Jimeno, le encargue a Zuazo un trabajo fundamental para la ciudad de Las Palmas, el nuevo Plan General de Ordenación Urbana, tal vez el trabajo urbanístico más influyente con el que contó la ciudad hasta ese momento.
Las Palmas en 1940, tras su reciente fusión con el vecino municipio de San Lorenzo, alcanzaba una población de casi 120.000 habitantes. Su trama urbana no era sino una serie de pequeñas entidades que funcionaban como barrios diferentes (Vegueta, Triana, Arenales, Ciudad Jardín, Alcaravaneras, Puerto, La Isleta) con connotaciones específicas muy definidas y plurales, pero con escasa integración entre ellos. Zuazo, con su plan, quiso remediar esto concibiendo un proyecto urbanístico unitario para toda la ciudad, superando en ambición y en visión de conjunto a otros planes anteriores, como los redactados por Laureano Arroyo de 1898 y el más moderno de Miguel Martín Fernández de la Torre de 1922. Esta vez se propuso una solución moderna y adaptada a las nuevas necesidades de una ciudad del siglo XX, no solo al intentar resolver definitivamente el problema de conectividad entre la antigua ciudad histórica y la nueva nacida al amparo de la actividad económica del puerto, sino que se previó una urbe unida y articulada para el futuro.

Zuazo realizó, primero que nada, un plan viario que clasificaba las vías principales. Propuso una conexión alta, paseo de San José-General Franco (hoy Primero de Mayo)-Paseo de Chil; y otra al borde del mar (la ansiada desde épocas anteriores Avenida Marítima) que fluyera desde La Laja hasta el Puerto. Estas dos grandes arterias aceptarían afluentes desde las calles interiores, estableciendo una vía de enlace (Paseo de Lugo) entre las dos arterias principales. Se potenciaba, además, las salidas y entradas a la ciudad tanto desde el norte como desde el sur, con soluciones a un nuevo problema: el aparcamiento para automóviles particulares.
En segundo lugar, el Plan promovía varios ensanches que agruparan zonas dispersas (Tomás Morales, Fincas Unidas, parte de Alcaravaneras, etc.). Para las zonas históricas se quería conservar y revalorizar Vegueta, remodelar el cauce del Guiniguada y reubicar el centro cívico en San Telmo-Bravo Murillo, dejando el administrativo en la plaza de La Feria.
Por último, Zuazo propuso una apertura total de la ciudad al mar con la construcción de una nueva fachada marítima. La innovación principal venía dada por la escrupulosa ordenación de los nuevos terrenos que tenían que ser ganados al océano, definiendo de una vez por todas la plasmación de las trazas maestras de lo que se convertiría en la Avenida Marítima, vía fundamental entendida ahora no como simple carretera de enlace, sino como arteria urbana abierta al disfrute ciudadano.
El plan organiza nuevas zonas verdes y de esparcimiento en Santa Catalina, San José, Guiniguada (a pesar de su cubrimiento), dejando La Isleta como refugio natural con una vía que podía convertirse en un atrayente paseo periférico. La playa de Las Canteras se define como un espacio turístico de alta calidad con balneario, casino, hoteles de lujo y espacios verdes, aunque se pretendía aquí una transformación demasiado artificial de esta magnífica zona natural que afortunadamente nunca se llegó a concretar. En cuanto al conjunto portuario, el plan lo somete a su definición de uso, límites y posible extensión futura.
En definitiva, el Plan presentado por Zuazo a finales de 1944 se trataba de un complicado trabajo de ordenación, donde la teoría urbanística miraba con una amplia visión de futuro el desarrollo de la ciudad. Cierto es que su aplicación inmediata fue casi nula. Intereses especulativos y la falta de presupuesto para llevarlo a cabo hicieron inviable en un primer momento su plasmación, pero con el paso de los años se convirtió en un referente a la hora de acometer importantes reformas y ampliaciones urbanas. Tal fue el caso de la urbanización de la Ciudad del Mar, levantada en terrenos ganados al Atlántico y que al igual que la Avenida Marítima se hizo realidad en décadas posteriores. También este trabajo visionario dejó listo para el futuro la elaboración de unas ordenanzas de construcción aprobadas en 1953 y otros muchos aspectos recogidos en el siguiente Plan General de Ordenación de 1962.

Es indudable que Secundino Zuazo dejó su impronta en Las Palmas; y no solo por este plan, sino también por unas cuantas obras arquitectónicas de gran categoría salidas de su estudio. Su sólida formación como urbanista le permitió proyectar entendiendo la arquitectura como una forma de hacer ciudad. Aquí se adaptó con total naturalidad a las nuevas corrientes estéticas imperantes en aquella mitad del siglo XX, con un modelo regionalista de claros tintes vernáculos. Estas excelentes construcciones “neocanarias” proyectadas por él (edificio de las Academias, Seminario…), pusieron de manifiesto su peculiar forma de entender la arquitectura siempre sobria, consecuente y llena de soluciones simples; sin olvidar ese “racionalismo académico monumental” apreciable en construcciones tan icónicas como el edificio de la Unión y el Fénix, o el del Banco de Santander, ambos levantados en el epicentro urbano.
Si quieres saber algo más de las obras de Secundino Zuazo realizadas en Las Palmas de Gran Canaria, solo tienes que acceder a estos enlaces:
Edificio de las Academias Municipales
Plaza de la Constitución (El Obelisco)
Si quieres profundizar algo más, te recomendamos consultar la siguiente bibliografía:














