La Isleta es uno de los accidentes geográficos más relevantes del archipiélago canario. Esta península de 8,5 km cuadrados, cuya altura máxima alcanza los 240 metros sobre el nivel del mar, se encuentra situada en el extremo nordeste de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y está unida al resto de la isla por medio del istmo arenoso de Guanarteme. Alberga un excepcional conjunto natural de enorme interés, donde alineaciones volcánicas, malpaíses y una costa recortada dan refugio a comunidades vegetales y faunísticas de destacada relevancia que durante casi cuatro siglos después de finalizada la conquista han permanecido en un estado casi inalterable.
Fue a finales del XIX cuando la zona meridional de la península cobró especial interés para el ser humano como territorio idóneo para instalar allí variadas infraestructuras portuarias, polígonos industriales, canteras y toda una serie de elementos que provocaron una pujante actividad económica, dando como resultado un crecimiento urbanístico en ocasiones descontrolado. A esto hay que añadir que por esas mismas fechas toda la zona fue declarada como estratégica desde el punto de vista militar, con las restricciones propias que comporta este tipo de uso. Comenzó entonces un continuo y rápido proceso de degradación de los paisajes naturales de La Isleta. Ante esto, durante las últimas décadas las autoridades competentes han tomado medidas tendentes, mediante leyes y normas conservacionistas, a detener e invertir estos procesos de progresiva degradación ambiental.
La formación de La Isleta como estructura geológica separada del resto de Gran Canaria comenzó hace aproximadamente un millón de años cuando en una primera fase se originó la rasa (75-100 m de altura) sobre la que se asientan la alineación de los volcanes situados más hacia el oeste: El Confital (120 m) y montaña Colorada (240 m). Más tarde surgirían El Faro (239 m) y la hoy destruida montaña de la Esfinge; y por último, una erupción fisural más reciente dio lugar a la alineación de la parte este, con la Centinela (106 m), Vigía (227 m), Atalaya (167), Las Hoyas (132 m) y La Herradura (142 m). Ambas alineaciones mencionadas configuran un valle central cubierto por un malpaís de lavas escoriáceas.
La Isleta quedó definitivamente conectada al resto del edificio insular hace unos 30.000 años gracias a la formación de un tómbolo arenoso de varios centenares de metros de ancho y más de 4 kilómetros de largo. Esta unión transformó el estrecho marítimo en un nuevo litoral compartimentado: se formaron entonces las bahías de El Confital a poniente, con su playa de Las Canteras; y la de La Luz por el naciente, con Las Alcaravaneras. Ambas son las dos bases naturales que han posibilitado por un lado el éxito portuario y por el otro el desarrollo urbano y turístico de Las Palmas de Gran Canaria.

Entre la vegetación que podemos encontrar en este territorio de peculiar geología destacan 60 especies autóctonas y 30 endemismos. Localizamos significativos grupos de cardones (Euphorbia canariensis) y de tabaibales de tolda (Euphorbia Aphylla). Por lo que a la fauna se refiere, en los abruptos acantilados de la costa anidan aves que aprovechan los ricos recursos pesqueros. Remarcamos la presencia de la pardela cenicienta (Calonectris diomedea), la gaviota patiamarilla (Larus michahellis), paíños de Madeira (Oceanodroma castro), gorriones morunos (Paser hispaniolensis), etc. Otro grupo de vertebrados que habita en este suelo es el de los reptiles: perenquenes endémicos (Tarentola boettgeri), lisas (Chalcides sexlineatus) y lagartos gigantes (Gallotia stehlini), estos últimos abundantes en los malpaíses del valle central y cuyos machos llaman la atención tanto por su tamaño como por su barbilla colorada. Por último, existe también una variada gama de fauna invertebrada: moluscos, arácnidos e insectos.
Este extraordinario escenario natural no pasó desapercibido para los aborígenes canarios que se aventuraron a cruzar el istmo y establecerse entre sus volcanes y cantiles. Allí se aprovecharon de la rica pesca de la zona, de la recolección de moluscos y del pastoreo. Su huella ha quedado en los conjuntos arqueológicos que conforman la Cueva de los Canarios, y en una importante necrópolis, hoy desaparecida, ubicada en la zona de la Puntilla, muy cerca de la playa de Las Canteras.
Durante la conquista de la Isla (1478-1483) la bahía de Las Isletas fue el fondeadero principal empleado para el desembarco de las tropas invasoras. Finalizada la campaña y fundada la ciudad de Las Palmas al borde del Guiniguada, la península, situada lejos del centro urbano y con pocas posibilidades de explotación agrícola dada su falta de recursos hídricos y su abrupto suelo, quedó como un lugar aislado y marginal. Solo importaba por su excepcional fondeadero y por su castillo defensivo, ambos elementos conectados a la ciudad por medio de un rudimentario camino de herradura. Existía también por allí una antigua ermita y algún mesón, lugares que frecuentaban marineros y tropa. Estacionales pescadores y recolectores de orchilla también ocupaban algunas pequeñas construcciones situadas cerca de unos destartalados almacenes.
A finales del siglo XVIII, entre 1784 y 1786, hubo un serio intento “ilustrado” por poblar y colonizar La Isleta. El escribano Dámaso Hermosilla Manrique solicitó una data para establecer allí una población de entre doscientas a quinientas personas, señalando el correspondiente número de fanegas para cultivo. Alegó para su propósito que el terreno era de secano, apto para el cereal. Los frutales y las hortalizas se plantarían tras realizar obras para instalar algunos estanques. Se tenía también previsto poner en funcionamiento unas salinas. Esta tentativa de colonización agrícola tan en boga en el setecientos español terminó en un total fracaso.

Es a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando La Isleta comienza a ser ocupada de forma sistemática gracias, en todos los casos, a la actividad marinera. El camino de herradura que desde la ciudad unía la bahía de La Luz se convirtió en carretera de segundo orden en 1854. A mediados de 1865 entró en funcionamiento el faro, fundamental en la ayuda del tráfico marítimo de aquel entonces. Dos años más tarde se construyeron las Salinas de El Confital en la zona costera de la montaña Colorada. El 26 de febrero de 1883 se colocó la primera piedra de la construcción del Puerto de Refugio de la Luz, elemento clave para el futuro de la ciudad y de la isla. Dos meses más tarde, el Ayuntamiento aprobaba el plano de lo que se convertiría rápidamente en el barrio de La Isleta, ocupado por personas que tanto tendrían que ver con la construcción del nuevo puerto y de toda la actividad subyacente que la obra y esta gran infraestructura acarrearía. Surge así un núcleo urbano de modestas viviendas de mampostería, casetas de madera, chozas y chabolas, que comienza a expandirse rápidamente por las laderas llenas de escorias volcánicas del sur de la península. El crecimiento demográfico fue espectacular debido a la intensa inmigración interior, principalmente de los municipios de Moya, Fontanales y Valleseco; también de las islas de Fuerteventura y Lanzarote. De media docena de míseras chozas existentes en la zona en 1855 se había pasado en 1917 a 20.000 habitantes.
Un hecho fundamental que va a determinar el futuro de la península de La Isleta es que, a consecuencia del conflicto bélico entre España y EE.UU. de 1898, su territorio va a ser considerado por el Ramo de Guerra como de máxima importancia estratégica para defensa de Las Palmas y de su puerto, por lo que pasa a ser de uso militar. El acceso a partir de ese momento queda restringido. Comienzan entonces a aparecer acuartelamientos, baterías costeras, campos de tiros y de maniobras, polvorines, casamatas e incluso, tras el estallido de la Guerra Civil, un campo de concentración para prisioneros políticos.
Sin embargo, tras la dura posguerra y fruto de una creciente presión demográfica descontrolada, a mediados de la década 1950 a espaldas de la Montaña de El Confital se desarrolló el barrio de Las Coloradas. Posteriormente, a principios de los años setenta, en lado opuesto de la península, entró en funcionamiento el polígono industrial de El Sebadal, como consecuencia de las crecientes necesidades de expansión de las actividades portuarias.
Ante esta intensiva ocupación de varias partes del territorio, en 1987, con la promulgación de la primera ley de Declaración de Espacios Naturales de Canarias, se inició una tímida protección para La Isleta. A finales de 1994 se reclasificó la zona no urbanizada como Paisaje Protegido, y a lo largo de los últimos años se han sucedido otras protecciones. Hoy se sigue esperando por una actuación integral que pueda coordinar los diferentes usos de este importante espacio. Tal vez algún día La Isleta funcione como ese parque periurbano de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria donde los valores ambientales se combinen con los patrimoniales para el disfrute de residentes y visitantes.

Si quieres saber algo más sobre algunos puntos de interés que tienen que ver con la península de la Isleta, solo tienes que acceder a los siguientes enlaces:
- Necrópolis de La Isleta
- Cueva de los Canarios
- Intento de invasión portuguesa
- Castillo de la Luz
- Ermita de Nuestra Señora de la Luz
- Camino real del puerto de Las Isletas
- Terremoto de Lisboa
- Batería del Buen Aire
- Batería de San Fernando
- Faro de La Isleta
- Salinas de El Confital
- Puerto de La Luz
- Batería de La Esfinge
- Mercado del Puerto
- Cuartel de Artillería de Montaña
- Iglesia de la Luz
- Real Club Victoria
- Teatro-Cine Hermanos Millares
- Campo de concentración de La Isleta
- Estadio Pepe Gonçalvez (Campo Rompeolas)
- Edificio de la Organización de Trabajos Portuarios
- Frigorífico (Fábrica de Hielo)
- El rodaje de ‘Moby Dick’
- Calle Andamana
- Monumento a los marineros
- Monumento a la Máter-Ínsula
- Biblioteca Pública Municipal de La Isleta
- Biblioteca Pública Municipal Pepe Dámaso
- Monumento a Belén María
- Fuente El Callao
- Juguete del viento
- Monumento a Jacques Cousteau
- El cambullonero
- Homenaje a Juan Casallas Saavedra ‘El Chacalote’
- Luces en el vacío
- Raíces
- Blue Christmas
- El verano que murió Chavela
- Fundación de Arte y Pensamiento Martín Chirino
- Pasarela Onda Atlántica
- Mañas de lagarto













